Cyberceci in Vancouverland

What am I still doing here? Read and find out...

Name:
Location: Vancouver, British Columbia, Canada

I am a daydreamer who believes in the power of a smile. I studied Journalism in Chile and I got a Master of Journalism at The University of British Columbia (UBC), Canada. My dream? To be the first correspondent on the moon, where I plan to go as soon as I can. My favourite phrase is “Do not take life too seriously. You will never get out of it alive.”

Monday, October 24, 2005

Sí, marchamos ¿y qué?... Mi versión de vaso medio vacío:



Me habría gustado comenzar este post diciendo: “Todo un éxito resultó la marcha en favor de los niños de Uganda realizada el sábado pasado,” pero estaría mintiendo. No es que no hayan ido entusiastas a apoyar la causa. Mi estimación fue de unas 300 personas, lo cual es genial. No es que sólo en Vancouver nos hayamos levantado temprano el sábado para alzar nuestras voces: cuarenta y tres ciudades en el mundo se unieron (nos unimos) al llamado de la ONG “Act for Stolen Children” para ayudar a abrir los ojos de aquéllos que no saben o no quieren ver. Pero mi naturaleza intrínsecamente pesimista/realista me obliga abstenerme de describir estos micro logros como “exitosos.”


Sí, hubo gente. Sí, centenares de personas marcharon en ciudades tan distantes como Beijing, Londres, Toronto y Los Angeles. Pero, hasta que este tema no sea parte de la agenda oficial de organismos como las Naciones Unidas o, mejor aún, cuando en el norte de Uganda los niños no tengan que correr a refugiarse en verdaderos bunkers cada noche, sólo hasta entonces podremos hablar de éxito. Hasta ese momento, manifestaciones como estas, que apenas logran un par de líneas (si es que) en los medios de comunicación, no pasan de ser una anécdota.

Thursday, October 13, 2005

Haciendo lo que se puede


Una de las cosas que más me frustraba de realizar periodismo en Chile, era sentir que no podía cambiar nada. Es más, me avergonzaba decir que era periodista y me reía de quienes se creían parte del “Cuarto Poder,” como si tal cosa existiera. Pero en Canadá me re-enamoré de mi profesión. Y una de las razones es que acá he podido hacer cosas que me llenan de orgullo. De hecho, este Sábado 22 de Octubre habrá una marcha a favor de los niños en el norte de Uganda que me enorgullezco en haber co-organizado.

No sé si en Chile se han enterado, pero todas las tardes, cuando se pone el sol, las familias se apresuran hacia la carretera de Gulu, en el norte de Uganda, desesperados de llegar a la ciudad antes de que anochezca. Son decenas de miles de personas, en su mayoría menores, las que abandonan sus hogares para escapar a los ataques de las fuerzas rebeldes y evitar que los miembros del Ejército de Resistencia del Señor (ERS) los secuestren.

Se calcula que 12.000 niños y niñas han sido secuestrados desde 2002. El ERS les obliga a combatir para ellos, a realizar todo tipo de tareas, o les utiliza para que tengan actividades sexuales con soldados y comandantes. Otros 3.000 han sido separados de sus familias mientras huían a un lugar “más seguro.”

La situación se ha agravado aún más desde que el presidente ugandés, Yoweri Museveni, ordenó, hace más de un año, la mayor ofensiva militar para acabar con el grupo revolucionario. Con permiso de Sudán, el Ejército ugandés cruzó la frontera para perseguir al ERS en territorio sudanés, su habitual refugio, pero los rebeldes respondieron regresando a Uganda y multiplicando los ataques.

Desde junio de 2002, según la organización de Apoyo a la Infancia de Gulu, la media de secuestros es de diez por día. Y pese a ser teóricamente zona segura patrullada por el Ejército, los campos son atacados casi a diario por el ERS.

¿Pueden creer que esto está pasando en pleno siglo XXI? Yo no o, mejor dicho, me resisto a quedarme de brazos cruzados dejando todo como está y, aunque no sirva de mucho, de algo servirá el levantar polvo, meter bulla y gritar por justicia, hasta que alguien nos escuche.

Deséennos suerte…

Wednesday, October 05, 2005

La vida en (y desde) una butaca


Pocas cosas me gustan más que el cine. En realidad no se me ocurre ninguna. Los chocolates quizás le empatan, pero como usualmente complemento ambos placeres, me es difícil decidirme por uno de ellos.

Es que no hay nada comparable a la experiencia voyerista y anónima que te entrega una sala de cine. Aunque a veces se te instale un cabezón justo adelante o la señora del lado se compre un barril de Pop Corn, como para alimentar a un ejército, o que el desatinado infaltable no apague su maldito celular. Todos pelos de la cola, comparado con el placer de estar ahí, en otro mundo, por un par de horas.

Desde el 30 de septiembre que ahora ya no vivo en mi casa, sino en el cine. O debería decir en los cines de Vancouver. En serio. A casa voy a dormir y ducharme. Sería todo. ¿Qué otra conducta esperaban de una verdadera fanática del Séptimo Arte cuando ha recibido acreditación para cubrir el XXIV Vancouver Film Festival?

Significa que puedo ver gratis todos los filmes que estén pasando en el festival, que son más de 300, incluyendo documentales, cortos y animaciones. Hay tanto por ver y tan poco tiempo. Trabajo como siempre, así es que de 9:00 a 6:00 no tengo opciones. Pero apenas estoy libre corro a mi nuevo hogar, donde ya he visto 11 de las 38 películas que seleccioné para ver este año.

Mis amigos se quejan que ya ni por teléfono pueden ubicarme. Mi cuerpo también se queja, alegando que no hay ser humano que resista a punta de café, pop corn y chocolates. Mi familia de seguro se va a quejar pronto, porque no voy a llamarlos en todos estos días. Pero yo estoy feliz y hasta el 15 de octubre, no pienso cambiar de planes.

Y deambulan por este blog:

adopt your own virtual pet!